domingo, 23 de junio de 2013

Luz intermitente

 
"...Y me verás inútil demente inconscientemente
Yo pisaré tu cama de fosas y no mariposas
Resolveré la última prosa"
Lisandro Aristimuño





El mal entendido mas bello de todos

La caricia que lastima

El color que se esfuma

La mariposa que se nos muere sin aprender a volar

El diálogo de dos mudos

La exageración de los poetas

El insulto de dos sordos

La ausencia como tortura

El silencio que aturde a los gritos

La constitución de cursilerías esperando

El mejor de los ejemplos

La peor lección

El pack ilimitado de oportunidades

La moraleja de los temporales

El simposio de idealizaciones

La lógica que no encuentra lugar en esta historia

El negocio menos rentable del mundo

La revolución que no se rinde

El fracaso de lo imposible





La luz...                        que aun no decide apagarse




Guille


martes, 28 de mayo de 2013

viernes, 24 de mayo de 2013

El Peso de los Libros


Escribo una historia que alguna vez escuché y me gusto mucho:


Cuenta la historia que a comienzos del siglo anterior, un jovén arquitecto de Nueva York recibió un trabajo. Consistia en construir un edificio que funcione como la biblioteca mas hermosa e imponente de la historia, debía ser el símbolo o emblema de la supuesta y soberbia supremacia cultural e intelectual de Estados Unidos.

El joven arquitecto, con un gran entusiasmo, una gran capacidad de imaginación y una enorme expectativa, puso manos a la obra y diseñó un edificio que obedecia a las características encomendadas. Tenia 6 pisos, era gigante desde donde se mire, imponía respeto y un mar de conocimientos y sabiduría.

Las ventanas, los marcos, la estrucutura era fascinante, se perfilaba para ser un edificio bibliotecario modelo. Pero con el correr del primer año, el edificio fue descendiendo 10 cm, con el segundo año fueron 15 cm. A los 3 años perdió mas centimetros y poco tiempo despues, finalmente se derrumbó.

El joven arquitecto, entre lagrimas no podia comprender como su obra y la construcción de su imaginación finalizó en escombros, repasó todos los pasos hasta que, en medio de una mirada de resignación entendio que fue lo que ocurrió, olvidó calcular el peso de los libros...




Guille



viernes, 19 de abril de 2013

Cuento de la semana: "Patrón" de Abelardo Castillo




La vieja Tomasina, la partera se lo dijo, tas preñada, le dijo, y ella sintió un miedo oscuro y pegajoso: llevar una criatura aden­tro como un bicho enrollado, un hijo, que a lo mejor un día iba a tener los mismos ojos duros, la misma piel áspera del viejo. Estás segura, Tomasina, preguntó, pero no preguntó: asintió. Porque ya lo sabía; siempre supo que el viejo iba a salirse con la suya. Pero m’hija, había dicho la mujer, llevo anunciando más partos que po­tros tiene tu marido. La miraba. Va a estar contento Anteno, agre­gó. Y Paula dijo sí, claro. Y aunque ya no se acordaba, una tarde, hacía cuatro años, también había dicho:
–Sí, claro.
Esa tarde quería decir que aceptaba ser la mujer de don Antenor Domínguez, el dueño de La Cabriada: el amo.
–Mire que no es obligación. –La abuela de Paula tenía los ojos bajos y se veía de lejos que sí, que era obligación. –Ahora que usté sabe cómo ha sido siempre don Anteno con una, lo bien que se portó de que nos falta su padre. Eso no quita que haga su voluntad.
Sin querer, las palabras fueron ambiguas; pero nadie duda­ba de que, en toda La Cabriada, su voluntad quería decir siempre lo mismo. Y ahora quería decir que Paula, la hija de un puestero de la estancia vieja –muerto, achicharrado en los corrales por salvar la novillada cuando el incendio aquel del 30– podía ser la mujer del hombre más rico del partido, porque, un rato antes, él había entra­do al rancho y había dicho:
–Quiero casarme con su nieta –Paula estaba afuera, dán­doles de comer a las gallinas; el viejo había pasado sin mirarla. –Se me ha dado por tener un hijo, sabes. –Señaló afuera, el cam­po, y su ademán pasó por encima de Paula que estaba en el patio, como si el ademán la incluyera, de hecho, en las palabras que iba a pronunciar después. –Mucho para que se lo quede el gobierno, y muy mío. ¿Cuántos años tiene la muchacha?
–Diecisiete, o dieciséis –la abuela no sabía muy bien; tampoco sabía muy bien cómo hacer para disimular el asombro, la alegría, las ganas de regalar, de vender a la nieta. Se secó las manos en el delantal.
El dijo:
–Qué me miras. ¿Te parece chica? En los bailes se arquea para adelante, bien pegada a los peones. No es chica. Y en la casa grande va a estar mejor que acá. Qué me contestas.
–Y yo no sé, don Anteno. Por mí no hay… –y no alcanzó a decir que no había inconveniente porque no le salió la palabra. Y entonces todo estaba decidido. Cinco minutos después él salió del rancho, pasó junto a Paula y dijo “vaya, que la vieja quiere hablar­la”. Ella entró y dijo:
–Sí, claro.
Y unos meses después el cura los casó. Hubo malicia en los ojos esa noche, en el patio de la estancia vieja. Vino y asado y malicia. Pau­la no quería escuchar las palabras que anticipaban el miedo y el dolor.
–Un alambre parece el viejo.
Duro, retorcido como un alambre, bailando esa noche, de­mostrando que de viejo sólo tenía la edad, zapateando un malambo hasta que el peón dijo está bueno, patrón, y él se rió, sudado, brillándole la piel curtida. Oliendo a padrillo.
Solos los dos, en sulky la llevó a la casa. Casi tres leguas, solos, con todo el cielo arriba y sus estrellas y el silencio. De golpe, al subir una loma, como un aparecido se les vino encima, torva, la silueta del Cerro Negro. Dijo Antenor:
–Cerro Patrón.
Y fue todo lo que dijo.
Después, al pasar el último puesto, Tomás, el cuidador, lo saludó con el farol desde lejos. Cuando llegaron a la casa, Paula no vio más que a una mujer y los perros. Los perros que se abalanzaban y se frenaron en seco sobre los cuartos, porque Antenor los enmu­deció, los paró de un grito. Paula adivinó que esa mujer, nadie más, vivía ahí dentro. Por una oscura asociación supo también que era ella quien cocinaba para el viejo: el viejo le había preguntado “comieron”, y señaló los perros.
Ahora, desde la ventana alta del caserón se ven los pinos, y los perros duermen. Largos los pinos, lejos.
–Todo lo que quiero es mujer en la casa, y un hijo, un macho en el campo –Antenor señaló afuera, a lo hondo de la noche agujereada de grillos; en algún sitio se oyó un relincho–. Vení, arrímate.
Ella se acercó.
–Mande –le dijo.
–Todo va a ser para él, entendés. Y también para vos. Pero anda sabiendo que acá se hace lo que yo digo, que por algo me he ganao el derecho a disponer. –Y señalaba el campo, afuera, hasta mucho más allá del monte de eucaliptos, detrás de los pinos, has­ta pasar el cerro, abarcando aguadas y caballos y vacas. Le tocó la cintura, y ella se puso rígida debajo del vestido. –Veintiocho años tenía cuando me lo gané –la miró, como quien se mete dentro de los ojos–, ya hace arriba de treinta.
Paula aguantó la mirada. Lejos, volvió a escucharse el relin­cho. El dijo:
–Vení a la cama.


II
No la consultó. La tomó, del mismo modo que se corta una fruta del árbol crecido en el patio. Estaba ahí, dentro de los límites de sus tierras, a este lado de los postes y el alambrado de púas. Una noche –se decía–. muchos años antes, Antenor Domínguez subió a caballo y galopó hasta el amanecer. Ni un minuto más. Porque el trato era “hasta que amanezca”, y él estaba acostumbrado a estas cláusulas viriles, arbitrarias, que se rubricaban con un apretón de manos o a veces ni siquiera con eso.
–De acá hasta donde llegues –y el caudillo, mirando al hombre joven estiró la mano, y la mano, que era grande y dadivosa, quedó como perdida entre los dedos del otro–. Clavas la estaca y te volvés. Lo alambras y es tuyo.
Nadie sabía muy bien qué clase de favor se estaba cobrando Antenor Domínguez aquella noche; algunos, los más suspicaces, ase­guraban que el hombre caído junto al mostrador del Rozas tenía algo que ver con ese trato: toda la tierra que se abarca en una noche de a caballo. Y él salió, sin apuro, sin ser tan zonzo como para re­ventar el animal a las diez cuadras. Y cuando clavó la estaca empezó a ser don Antenor. Y a los quince años era él quien podía, si cuadra­ba, regalarle a un hombre todo el campo que se animara a cabalgar en una noche. Claro que nunca lo hizo. Y ahora habían pasado trein­ta años y estaba acostumbrado a entender suyo todo lo que había de este lado de los postes y el alambre. Por eso no la consultó. La cortó.
Ella lo estaba mirando. Pareció que iba a decir algo, pero no habló. Nadie, viéndola, hubiera comprendido bien este silencio: la muchacha era una mujer grande, ancha y poderosa como un ani­mal, una bestia bella y chucara a la que se le adivinaba la violencia debajo de la piel. El viejo, en cambio, flaco, áspero como una rama.
–Contesta, che. ¡Contesta, te digo! –se le acercó. Paula sentía ahora su aliento junto a la cara, su olor a venir del campo. Ella dijo:
–No, don Anteno.
–¿Y entonces? ¿Me querés decir, entonces…?
Obedecer es fácil, pero un hijo no viene por más obediente que sea una, por más que aguante el olor del hombre corriéndole por el cuerpo, su aliento, como si entrase también, por más que se quede quieta boca arriba. Un año y medio boca arriba, viejo macho de sementera. Un año y medio sintiéndose la sangre tumultuosa galopándole el cuerpo, queriendo salírsele del cuerpo, saliendo y encontrando sólo la dureza despiadada del viejo. Sólo una vez lo vio distinto; le pareció distinto. Ella cruzaba los potreros, buscándolo, y un peón asomó detrás de una parva; Paula había sentido la mira­da caliente recorriéndole la curva de la espalda, como en los bailes, antes. Entonces oyó un crujido, un golpe seco, y se dio vuelta. Antenor estaba ahí, con el talero en la mano, y el peón abría la boca como en una arcada, abajo, junto a los pies del viejo. Fue esa sola vez. Se sintió mujer disputada, mujer nomás. Y no le importó que el viejo dijera yo te voy a dar mirarme la mujer, pión rotoso, ni que dijera:
–Y vos, qué buscas. Ya te dije dónde quiero que estés.
En la casa, claro. Y lo decía mientras un hombre, todavía en el suelo, abría y cerraba la boca en silencio, mientras otros hom­bres empezaron a rodear al viejo ambiguamente, lo empezaron a rodear con una expresión menos parecida al respeto que a la ame­naza. El viejo no los miraba:
–Qué buscas.
–La abuela –dijo ella–. Me avisan que está mala –y repentinamente se sintió sola, únicamente protegida por el hombre del talero; el hombre rodeado de peones agresivos, ambiguos, que ahora, al escuchar a la muchacha, se quedaron quietos. Y ella com­prendió que, sin proponérselo, estaba defendiendo al viejo.
–Qué miran ustedes –la voz de Antenor, súbita. El viejo sabía siempre cuál era el momento de clavar una estaca. Los miró y ellos agacharon la cabeza. El capataz venía del lado de las cabañas, gritando alguna cosa. El viejo miró a Paula, y de nuevo al peón que ahora se levantaba, encogido como un perro apaleado–. Si andas alzado, en cuanto me dé un hijo te la regalo.


III
A los dos años empezó a mirarla con rencor. Mirada de es­tafado, eso era. Antes había sido impaciencia, apuro de viejo por tener un hijo y asombro de no tenerlo: los ojos inquisidores del viejo y ella que bajaba la cabeza con un poco de vergüenza. Después fue la ironía. O algo más bárbaro, pero que se emparentaba de algún modo con la ironía y hacía que la muchacha se quedara con la vista fija en el plato, durante la cena o el almuerzo. Después, aquel insul­to en los potreros, como un golpe a mano abierta, prefigurando la mano pesada y ancha y real que alguna vez va a estallarle en la cara, porque Paula siempre supo que el viejo iba a terminar golpeando. Lo supo la misma noche que murió la abuela.
–O cuarenta y tantos, es lo mismo.
Alguien lo había dicho en el velorio: cuarenta y tantos. Los años de diferencia, querían decir. Paula miró de reojo a Antenor, y él, más allá, hablando de unos cueros, adivinó la mirada y entendió lo que todos pensaban: que la diferencia era grande. Y quién sabe entonces si la culpa no era de él, del viejo.
–Volvemos a la casa –dijo de golpe.
Ésa fue la primera noche que Paula le sintió olor a caña. Después –hasta la tarde aquella, cuando un toro se vino resoplan­do por el andarivel y hubo gritos y sangre por el aire y el viejo se quedó quieto como un trapo– pasó un año, y Antenor tenía siem­pre olor a caña. Un olor penetrante, que parecía querer meterse en las venas de Paula, entrar junto con el viejo. Al final del tercer año, quedó encinta. Debió de haber sido durante una de esas noches furi­bundas en que el viejo, brutalmente, la tumbaba sobre la cama, como a un animal maneado, poseyéndola con rencor, con desespe­ración. Ella supo que estaba encinta y tuvo miedo. De pronto sin­tió ganas de llorar; no sabía por qué, si porque el viejo se había sa­lido con la suya o por la mano brutal, pesada, que se abría ahora: ancha mano de castrar y marcar, estallándole, por fin, en la cara.
–¡Contesta! Contéstame, yegua.
El bofetón la sentó en la cama; pero no lloró. Se quedó ahí, odiando al hombre con los ojos muy abiertos. La cara le ardía.
–No –dijo mirándolo–. Ha de ser un retraso, nomás. Como siempre.
–Yo te voy a dar retraso –Antenor repetía las palabras, las mordía–. Yo te voy a dar retraso. Mañana mismo le digo al Fabio que te lleve al pueblo, a casa de la Tomasina. Te voy a dar retraso.
La había espiado seguramente. Había llevado cuenta de los días; quizá desde la primera noche, mes a mes, durante los tres años que llevó cuenta de los días.
–Mañana te levantas cuando aclare. Acostate ahora.
Una ternera boca arriba, al día siguiente, en el campo. Paula la vio desde el sulky, cuando pasaba hacia el pueblo con el viejo Fabio. Olor a carne quemada y una gran “A”, incandescente, cha­muscándole el flanco: Paula se reconoció en los ojos de la ternera.
Al volver del pueblo, Antenor todavía estaba ahí, entre los peones. Un torito mugía, tumbado a los pies del hombre; nadie como el viejo para voltear un animal y descornarlo o caparlo de un tajo. Antenor la llamó, y ella hubiera querido que no la llamase: hubiera querido seguir hasta la casa, encerrarse allá. Pero el viejo la llamó y ella ahora estaba parada junto a él.
–Ceba mate. –Algo como una tijera enorme, o como una tenaza, se ajustó en el nacimiento de los cuernos del torito. Paula frunció la cara. Se oyeron un crujido y un mugido largo, y del hueso brotó, repentino, un chorro colorado y caliente. –Qué fruncís la jeta, vos.
Ella le alcanzó el mate. Preñada, había dicho la Tomasina. Él pareció adivinarlo. Paula estaba agarrando el mate que él le devolvía, quiso evitar sus ojos, darse vuelta.
–Che –dijo el viejo.
–Mande –dijo Paula.
Estaba mirándolo otra vez, mirándole las manos anchas, llenas de sangre pegajosa: recordó el bofetón de la noche anterior. Por el andarivel traían un toro grande, un pinto, que bufaba y ha­cía retemblar las maderas. La voz de Antenor, mientras sus manos desanudaban unas correas, hizo la pregunta que Paula estaba te­miendo. La hizo en el mismo momento que Paula gritó, que todos gritaron.
–¿Qué te dijo la Tomasina? –preguntó.
Y todos, repentinamente, gritaron. Los ojos de Antenor se habían achicado al mirarla, pero de inmediato volvieron a abrirse, enormes, y mientras todos gritaban, el cuerpo del viejo dio una vuelta en el aire, atropellado de atrás por el toro. Hubo un revuelo de hombres y animales y el resbalón de las pezuñas sobre la tierra. En mitad de los gritos, Paula seguía parada con el mate en la mano, mirando absurdamente el cuerpo como un trapo del viejo. Había quedado sobre el alambrado de púas, como un trapo puesto a secar.
Y todo fue tan rápido que, por encima del tumulto, los sobresaltó la voz autoritaria de don Antenor Domínguez.
–¡Ayúdenme, carajo!


IV
Esta orden y aquella pregunta fueron las dos últimas cosas que articuló. Después estaba ahí, de espaldas sobre la cama, sudan­do, abriendo y cerrando la boca sin pronunciar palabra. Quebrado, partido como si le hubiesen descargado un hachazo en la columna, no perdió el sentido hasta mucho más tarde. Sólo entonces el mé­dico aconsejó llevarlo al pueblo, a la clínica. Dijo que el viejo no volvería a moverse; tampoco, a hablar. Cuando Antenor estuvo en condiciones de comprender alguna cosa, Paula le anunció lo del chico.
–Va a tener el chico –le anunció–. La Tomasina me lo ha dicho.
Un brillo como de triunfo alumbró ferozmente la mirada del viejo; se le achisparon los ojos y, de haber podido hablar, acaso hubiera dicho gracias por primera vez en su vida. Un tiempo des­pués garabateó en un papel que quería volver a la casa grande. Esa misma tarde lo llevaron.
Nadie vino a verlo. El médico y el capataz de La Cabriada, el viejo Fabio, eran las dos únicas personas que Antenor veía. Salvo la mujer que ayudaba a Paula en la cocina –pero que jamás entró en el cuarto de Antenor, por orden de Paula–, nadie más andaba por la casa. El viejo Fabio llegaba al caer el sol. Llegaba y se que­daba quieto, sentado lejos de la cama sin saber qué hacer o qué decir. Paula, en silencio, cebaba mate entonces.
Y súbitamente, ella, Paula, se transfiguró. Se transfiguró cuando Antenor pidió que lo llevaran al cuarto alto; pero ya desde antes, su cara, hermosa y brutal, se había ido transformando. Ha­blaba poco, cada día menos. Su expresión se fue haciendo cada vez más dura –más sombría–, como la de quienes, en secreto, se han propuesto obstinadamente algo. Una noche, Antenor pareció aho­garse; Paula sospechó que el viejo podía morirse así, de golpe, y tuvo miedo. Sin embargo, ahí, entre las sábanas y a la luz de la lám­para, el rostro de Antenor Domínguez tenía algo desesperado, emperradamente vivo. No iba a morirse hasta que naciera el chico; los dos querían esto. Ella le vació una cucharada de remedio en los la­bios temblorosos. Antenor echó la cabeza hacia atrás. Los ojos, por un momento, se le habían quedado en blanco. La voz de Paula fue un grito:
–¡Va a tener el chico, me oye! –Antenor levantó la cara; el remedio se volcaba sobre las mantas, desde las comisuras de una sonrisa. Dijo que sí con la cabeza.
Esa misma noche empezó todo. Entre ella y Fabio lo su­bieron al cuarto alto. Allí, don Antenor Domínguez, semicolgado de las correas atadas a un travesaño de fierro, que el doctor había hecho colocar sobre la cama, erguido a medias podía contemplar el campo. Su campo. Alguna vez volvió a garrapatear con lentitud unas letras torcidas, grandes, y Paula mandó llamar a unos hombres que, abriendo un boquete en la pared, extendieron la ventana hacia abajo y a lo ancho. El viejo volvió a sonreír entonces. Se pasaba horas con la mirada perdida, solo, en silencio, abriendo y cerrando la boca como si rezara –o como si repitiera empecinadamente un nombre, el suyo, gestándose otra vez en el vientre de Paula–, mirando su tierra, lejos hasta los altos pinos, más allá del Cerro Negro. Contra el cielo.
Una noche volvió a sacudirse en un ahogo. Paula dijo:
–Va a tener el chico. El asintió otra vez con la cabeza.
Con el tiempo, este diálogo se hizo costumbre. Cada noche lo repetían.


V
El campo y el vientre hinchado de la mujer: las dos únicas cosas que veía. El médico, ahora, sólo lo visitaba si Paula –de tanto en tanto, y finalmente nunca– lo mandaba llamar, y el mismo Fabio, que una vez por semana ataba el sulky e iba a comprar al pueblo los encargos de la muchacha, acabó por olvidarse de subir al piso alto al caer la tarde. Salvo ella, nadie subía.
Cuando el vientre de Paula era una comba enorme, tirante bajo sus ropas, la mujer que ayudaba en la cocina no volvió más. Los ojos de Antenor, interrogantes, estaban mirando a Paula.
–La eché –dijo Paula.
Después, al salir, cerró la puerta con llave (una llave grande, que Paula llevará siempre consigo, colgada a la cintura), y el viejo tuvo que acostumbrarse también a esto. El sonido de la llave giran­do en la antigua cerradura anunciaba la entrada de Paula –sus pa­sos, cada día más lerdos, más livianos, a medida que la fecha del parto se acercaba–, y por fin la mano que dejaba el plato, mano que Antenor no se atrevía a tocar. Hasta que la mirada del viejo también cambió. Tal vez, alguna noche, sus ojos se cruzaron con los de Paula, o tal vez, simplemente, miró su rostro. El silencio se le pobló entonces con una presencia extraña y amenazadora, que acaso se parecía un poco a la locura, sí, alguna noche, cuando ella venía con la lámpara, el viejo miró bien su cara: eso como un gesto estáti­co, interminable, que parecía haberse ido fraguando en su cara o quizá sólo en su boca, como si la costumbre de andar callada, apre­tando los dientes, mordiendo algún quejido que le subía en pun­tadas desde la cintura, le hubiera petrificado la piel. O ni necesitó mirarla. Cuando oyó girar la llave y vio proyectarse larga la sombra de Paula sobre el piso, antes de que ella dijera lo que siempre decía, el viejo intuyó algo tremendo. Súbitamente, una sensación que nunca había experimentado antes. De pronto le perforó el cerebro, como una gota de ácido: el miedo. Un miedo solitario y poderoso, incomunicable. Quiso no escuchar, no ver la cara de ella, pero adi­vinó el gesto, la mirada, el rictus aquel de apretar los dientes. Ella dijo:
–Va a tener el chico.
Antenor volvió la cara hacia la pared. Después, cada noche la volvía.


VI
Nació en invierno; era varón. Paula lo tuvo ahí mismo. No mandó llamar a la Tomasina: el día anterior le había dicho a Fabio que no iba a necesitar nada, ningún encargo del pueblo.
–Ni hace falta que venga en la semana –y como Fabio se había quedado mirándole el vientre, dijo: –Mañana a más tardar ha de venir la Tomasina.
Después pareció reflexionar en algo que acababa de decir Fabio; él había preguntado por la mujer que ayudaba en la casa. No la he visto hoy, había dicho Fabio.
–Ha de estar en el pueblo –dijo Paula. Y cuando Fabio ya montaba, agregó: –Si lo ve al Tomás, mándemelo. Luego vino Tomás y Paula dijo:
–Podes irte nomás a ver tu chica. Fabio va a cuidar la casa esta semana.
Desde la ventana, arriba, Antenor pudo ver cómo Paula se quedaba sola junto al aljibe. Después ella se metió en la casa y el viejo no volvió a verla hasta el día siguiente, cuando le trajo el chico.
Antes, de cara contra la pared, quizá pudo escuchar algún quejido ahogado y, al acercarse la noche, un grito largo retumban­do entre los cuartos vacíos; por fin, nítido, el llanto triunfante de una criatura. Entonces el viejo comenzó a reírse como un loco. De un súbito manotón se aferró a las correas de la cama y quedó sentado, riéndose. No se movió hasta mucho más tarde.
Cuando Paula entró en el cuarto, el viejo permanecía en la misma actitud, rígido y sentado. Ella lo traía vivo: Antenor pudo escuchar la respiración de su hijo. Paula se acercó. Desde lejos, con los brazos muy extendidos y el cuerpo echado hacia atrás, apartan­do la cara, ella, dejó al chico sobre las sábanas, junto al viejo, que ahora ya no se reía. Los ojos del hombre y de la mujer se encontra­ron luego. Fue un segundo: Paula se quedó allí, inmóvil, detenida ante los ojos imperativos de Antenor. Como si hubiera estado es­perando aquello, el viejo soltó las correas y tendió el brazo libre hacia la mujer; con el otro se apoyó en la cama, por no aplastar al chico. Sus dedos alcanzaron a rozar la pollera de Paula, pero ella, como si también hubiese estado esperando el ademán, se echó hacia atrás con violencia. Retrocedió unos pasos; arrinconada en un án­gulo del cuarto, al principio lo miró con miedo. Después, no. An­tenor había quedado grotescamente caído hacia un costado: por no aplastar al chico estuvo a punto de rodar fuera de la cama. El chico comenzó a llorar. El viejo abrió la boca, buscó sentarse y no dio con la correa. Durante un segundo se quedó así, con la boca abierta en un grito inarticulado y feroz, una especie de estertor mudo e impo­tente, tan salvaje, sin embargo, que de haber podido gritarse habría conmovido la casa hasta los cimientos. Cuando salía del cuarto, Paula volvió la cabeza. Antenor estaba sentado nuevamente: con una mano se aferraba a la correa; con la otra, sostenía a la criatura. Delante de ellos se veía el campo, lejos, hasta el Cerro Patrón.
Al salir, Paula cerró la puerta con llave; después, antes de atar el sulky, la tiró al aljibe.




viernes, 29 de marzo de 2013

Las oportunidades



"Quien te robó el corazón?"



Te pensó, te buscó, te regaló un pedazo de su conciencia para que hagas lo que quieras con ella.

Te escribió, te desnudo con letras, con esas letras tan cursis, pero tan significativas como caminos para llegar a vos, para trabajar esa sonrisa. Contemplarla, contemplarte

Te conmovió, fue hacia vos.

Visualizó la derrota imaginado el golpe, el impacto. Prácticamente la piel se preparó para ser cortada, lastimada. Y aun así no le importó en lo mas mínimo.

Sobrevivió mentiras e indiferencias, siguió escribiendo por el simple motivo de que estas letras no son otra cosa mas que las únicas armas con las que cuenta para retar a duelo a quien se anime a pelearle en este mundo de mierda.

Solo eso tiene y te las entregó todas juntas para vos, para que hagas lo que quieras lo que se te antoje.

Y vos hiciste lo que se te antojó, desparramaste una por una todas las oportunidades que el amablemente te entregó como volantes que piden a gritos no ser arrojados a la vía pública.

Y su idiotez es tan, pero tan inmensa que seria capaz de obsequiarte un millón de oportunidades mas, pero en su mente el escrutinio acerca de vos hoy te juega en contra, no olvida la indiferencia y el poco corazón que ya olvidaste donde está y sufraga a favor de el, a favor de su paz.


Ya está, ya pasó



Guille




viernes, 22 de marzo de 2013

El resto de las hojas

 
 
 
 
 
"Como me haces hablar en el silencio"
 
 
El primer aspecto que lo conmueve es su inmensidad. Es un océano gigante de espacio vacío de la nada vestida de una pureza odiosa, aun es virgen de sentido, de letras y eso lo perturba.
 
El pretende abordarla, gobernar ese espacio colonizando paulatinamente su pureza a través de pequeños pasos.
 
Una guerra de trincheras que comienza en su cabeza, se define en sus ideas buscando la excusa perfecta para empezar a crear sentido, a decirle a la nada que se vaya de una buena vez. El piensa si vale la pena utilizar a ese recuerdo, que ya no es nada, pero que a veces se da el lujo de persistir. Sacrificar la pureza de ella por ella, que solo es nada es ayer, es un pasado triste que miente. Le parece un desperdicio y dice no, la excusa tiene que ser otra.
 
Piensa en los terrores que lo mantienen despierto y en lo sueños que lo duermen pero que no animan a despertarse, a realizarse.
 
Y ahí si, comienza a apuñalarla y ella desangrándose en palabras se convierte en otra cosa. Su pureza queda reducida a una colección de ideas que lentamente ven una luz. Ella agoniza para dar lugar a algo distinto, creado, una extensión de el mismo.
 
El observa su terreno gobernado, se dice a si mismo "bien hecho". Sabe que no es cuestión de cantidad, con gobernar una breve extensión de esa pureza el resto cae por decantación porque ese trozo de sangre azul devenida en términos no es otra cosa que el producto de su imaginación, su terrores, sus miedos, sus felicidades y tragedias.
 
Es la vida misma, la corta vida de una hoja ya muerta pero renaciendo, como aquella mariposa que resurge para conmovernos, aunque sea por un día o una noche. Y en ese día, o en esa noche, nos regala un ejercito de excusas para buscar el resto de las hojas del mundo que falten y, de este modo, intentar atravesarlas de sentido, de ilusiones, convencerlas con las palabras precisas para que dejen de ser esa nada vestida de una absurda pureza para transformarse en el escenario de nuestros actores imaginarios, esas situaciones, esos pensamientos y aquellos sentimientos tan reales que a veces asustan.
 
Es la vida misma, en una hoja en blanco.



Guille

 

viernes, 15 de marzo de 2013

Curso para ser un" Intelectual Cool"



A continuación pasaré a detallar una serie de consejos o claves, para que usted pueda desempeñarse sin ningún tipo de inconveniente en el arte de actuar como un perfecto idiota y parecer el intelectual mas bello de occidente.

Aquí vamos



1) Vocabulario (cantidad) : es muy importante decir en 14 palabras lo que puede decirse en dos, veamos:

"che, que frío que hace no?"

Esto es lo que cualquier ser humano normal diría en una situación climática adversa como la mencionada. Ahora bien nuestro intelectual cool  dirá lo siguiente:

"El descenso de temperatura es claramente notorio. En estos días el clima es tan impredecible como la lotería de circunstancias que es esta vida, nuestro espíritu socavado"

Fíjese el detalle de la palabra "espíritu" seguido de un adjetivo calificativo, queda como un duque. Es importante advertir además que todo tiene que ser triste, pesimista y existencialista. Si no sabe lo que significa existencialismo no importa, trate de no utilizar la palabra. 


2)  Vocabulario (calidad):  Ya explicado el aspecto cuantitativo del vocabulario, le explicaré la calidad del mismo. Recuerde un aspecto fundamental, el intelectual cool no tiene nada que decir, por ende va a disfrazar la nada misma con las palabras mas hermosas e incomprensibles del mundo. De este modo el hombre normal y terrenal no podrá entenderlo y, como consecuencia, su misión en el terreno del lenguaje estará cumplida. Simulemos una pequeña reunión dentro de la cual se encuentra nuestro intelectual cool:

"Que opinan sobre el nuevo papa?

Es fundamental que nuestro intelectual cool sea el antepenúltimo del grupo en contestar conservando una bella pose de observador de las opiniones anteriores.

También es importante que cuando llegue su turno exprese algo como lo siguiente:

"En mi humilde opinión considero que la lógica eclesiástica es absolutamente compleja e intrínseca. Puede decirse que su historia marca una tendencia muy interesante enmarcada bajo un contexto prefijado por intereses diversos que no obedecen a otra cosa mas que a la abstracción de la pura lógica eclesiástica"

Hermoso, la nada misma ha sido brillantemente disfrazada, ahora sí usted quedó como un genio. El reemplazo de la bellísima palabra "espíritu" por "abstracción" ( que en este caso cumple la misma función ) funcionó a la perfección. Vale destacar el rodeo de la respuesta, usted arranco diciendo nada y termino en lo mismo utilizando el mismo término "lógica eclesiástica". Vemos que la palabra "lógica" es portadora del mismo atributo que "espíritu"; si se une con un adjetivo calificativo el resultado no es otro que el orgasmo lingüístico mismo.


3) Deportes: Nuestro intelectual cool aborrece el fútbol  tal vez no lo haga y de hecho simpatice bastante con el deporte, pero si quiere ser cool debe odiarlo y despreciarlo. No solo negarse a practicarlo sino a evitar ver cualquier partido en grupo. Ante cualquier consulta de alguien usted contestará las siguientes frases:

"Si, puede decirse que soy de boca, pero no me gusta el futbol"

"Soy de boca, pero creo que todo es un negocio y me gusta invertir mi tiempo en algo mas interesante que ver 22 tipos atrás de una pelota"

"Me parece que el fútbol es alienante, no se como pierden tiempo en eso. Igual soy de boca"

"No, la verdad que el fútbol me aburre muchísimo, soy de boca por mi abuelo, pero la verdad que no me interesa ni un poco, ah hoy juega? no, no sabía"

Como verán es muy importante señalar que el intelectual cool es hincha del club Boca Juniors, como también es bueno que la critica a dicho deporte contenga una matiz filosófica y conspirativa. Para extender cualquiera de las respuestas vuelva al punto 1).

Existe una interesante variante que tiene que ver con cambiar el equipo por uno del barrio que milite en el ascenso. La especificidad lo alejará definitivamente no solo del carácter popular ( que tanto odia el intelectual cool ) del fútbol sino de la popularidad de los equipos denominados "grandes".
Ejemplo: Reemplace "boca" por "Comunicaciones", "Atlanta"; "Defensores de Belgrano"; "Ferro"



4) Cine y TV: Nuestro intelectual cool ama el cine de directores, es de valiosa importancia aprender nombres de directores. Ver las películas es lo de menos, lo importante son los nombres y utilizar frases como:

"El director x ( la x puede reemplazarse por Tarantino, los hermanos Coen, Scorcese u algún otro de nombre complicado) suele utilizar un ángulo de tomas brillante, la fotografía que tienen sus películas es fabulosa. Representa el espíritu adyacente de la simpleza del espíritu de sus creaciones."

Vemos en este ejemplo la nada misma, la palabra "espíritu" al cuadrado y la observación de detalles con los cuales su interlocutor quedará fascinado
Con respecto a la TV, nuestro intelectual cool odia todo lo popular, todo lo que sale por canales de aire y todo lo que cause risas en el publico. El solo vé I SAT, mucho I SAT. Canal Encuentro, Incaa TV y canal 13, pero a escondidas y con el volumen bajo.


Esta fue nuestra primera entrega, quédese tranquilo que hay mucho mas ( Alimentación del intelectual, visión política del intelectual, vestimenta del intelectual etc. etc.. ). Por lo pronto me despido con un consejo para arrancar: Hágase un blog y búrlese de los intelectuales.




Guille












viernes, 8 de marzo de 2013

Leyendo entre líneas


Su silencio es terciopelo
o varios otros ejemplos de cursileria
sutil o no.
las sospechas de esos ojos
abstraidos como pocos
me hechizan en ocasiones
a través de circunstancias
sin mayores argumentos que un
hoy tan ayer, demasiado ayer.
es, sin embargo, el ejemplo
revolucionario de una sonrisa
mas tierna que esos amaneceres u
ocasos conmovedores
solo basta con sentirla para
advertir de que les estoy hablando
dados tirados caballos salvajes
exilios en avenidas principales
todas excusas para escucharla
o cantarle susurrando al oido
demorando afinaciones hasta donde me permita
a través de una caricia que goza ese mundo
sin sufrir ni advertir el mundo real.


Guille

viernes, 1 de marzo de 2013

Yo en su cabeza


"Contraventanas cerradas. El polvo de un yo anterior, que vacía el espacio que no lleno. Esta luz que crece en un rincón del cuarto, adonde todo el cuarto se ha movido." Paul Auster



Creo que hace frío afuera. Las veces que me expulsaste con violencia salí muy desabrigado y lo sufrí bastante. Menos mal que generalmente sucede la misma secuencia: mientras me empujaba tu mano derecha, con la izquierda me tomás de un tirón para que me quede un rato más. Básicamente es el equilibrio del frío de la despedida y el calor del "tal vez". Y así pasan mis días, soy un ente tironeado entre el adentro y lo otro, aquello que ni siquiera quiero nombrar.

La frontera la conozco de memoria, está repleta de otros que quieren entrar. Los miro desde adentro como intentan trepar los muros de tu imaginación tratando de entenderte y de llegar. En parte los compadezco porque estuve en sus zapatos, intentando llegarte. Pero en un principio mi entrada fue mas sencilla, casi triunfal te diría. No hubo desfile ni agasajo, pero si una puerta abierta que me invitaba a pasar con el fin de, al menos alejarme del frío y la tormenta. En esos tiempos era casi un visitante ilustre, con placa y todo.

Ni bien llegué, hice lo que siempre hago cuando ingreso a un lugar nuevo; Miré absolutamente todo en silencio. Debo confesar que lo que vi en un principio me volvió loco, sentí que ese espacio que me alojaba era una cabaña de un lugar hermoso, sin rutina, sin horario, sin frío, vacaciones del mundo. Vi libros, música, cuadros, sensaciones interesantes y promesas... muchas promesas. Tal vez ese fue el problema, creo que dejé demasiado equipaje, mas del permitido supongo, porque de a momentos me llegaban tus cartas documento invitándome amablemente a desalojar inmediatamente el inmueble, luego te retractabas, luego me desalojabas, luego me tironeabas como al principio, luego me expulsabas como al final...

Y así pasaron los días, intentando descubrir en corto plazo todo lo posible para quedarme y vos, oscilando entre echarme y darme la suite presindencial de tu mente.

Es una espera que por momentos desespera e incluso me lleva a buscar y encontrar otros hogares, algo mas simple y acogedor que esta circunstancia, que este suelo que tiembla todos los días pero que nunca termina de derrumbarse.

Lo mas simple en este caso sería simplemente mandarme a mudar a mi mismo, lejos de acá, lo mas lejos posible. Pero hay algo que me retiene, que nos retiene. Tal vez sean estas letras a las cuales tomamos de rehén para decirnos lo que cara a cara nos cuesta horrores. O probablemente ese algo no sea otra cosa más que la frágil certeza de que "algo" puede pasar. Y si ese "algo" nos arrebata la rutina, nos cambia los domingos por sábados, nos entrega besos en lugar de lágrimas, caricias en lugar de indiferencias, letras en lugar de números, poemas en lugar de contratos, tal vez valga la pena el tironeo la confusión el frío la paciencia, la espera.

Tal vez valga la pena quedarme simplemente un rato mas. O tal vez no. O tal vez...


Guille

martes, 29 de enero de 2013

El Fin de la Lágrima

 
 
 
"Vas por la calle llorando lágrimas de oro..."
 
 
 
 
Comienza como un torrente. Un vomito de angustia al presente que parece el epílogo de la tristeza, de esa crisis, de tu crisis. Pero no, el llanto no es otra cosa que el principio, por ende es desde este momento, y no otro, donde tengo que contarte que es lo que puede pasarte, que es lo que te pasa.
 
Obviamente no cuento con otra arma mas que mi imaginación para inferir esta porción de tu vida que te hace llorar.
 
Un segundo antes que la primer lágrima salga recordaste ese acontecimiento que vos saber usar como herramienta para que sea la gota que derrame el vaso y a su vez, la que le abra la puerta al restante millón de gotas. Sabés llorar, no te digo que tenés un master en la materia pero claramente poseés un virtuoso entrenamiento. Por eso es que ese, el último recuerdo es el que siempre te salva cuando necesitas gritarle en silencio al mundo que lo querés asesinar a golpes, que la realidad te está estafando y no entendés por que.
 
Se va la primera lágrima de la noche y aparecen otras, pero en realidad no. Es la misma lágrima multiplicada, la misma angustia líquida. Es la ctistalización de esa caricia que te falta (o que te sobra)
Porque sabés que hay cuerpos que hacen fila para tener el tuyo, pero también sabés que no te alcanzan, que tarde o temprano se quedan en el camino.
Son los recuerdos que no están,.las bodas anuladas, los pactos incumplidos. Son las palabras que no podés decirle, porque no sabés, porque preferís ahogarte en esas lágrimas. Es en este momento en el cual te acomodas al dolor de un modo tan placentero que asusta.
 
La lágrima continúa, su recorrido conlleva los pasados en los que sonreías y los presentes que son como piedras en el zapato. Pero lentamente cede. Hay una calma, no sabes si es la antesala de un temporal o la calma real.
 
La lágrima se muere ante el recuerdo de una sonrisa, sea la que sea. Una sonrisa te dice basta, y de a poco comenzas a ver con buenos ojos (que ya no lloran)la idea de hacerle caso.
 
El fin de la lágrima es la culminación de la crisis, encontrarle la vuelta a este lío y, si es necesario mandar a la mierda también a los únicos héroes, los canallas, los agentes de la estafa.
 
El fin de la lágrima es decirle a todos que griten lo que quieran, que te importa un carajo, que vos sabes llorar, claro está, pero también sabes reír. Esa risa que hechiza hasta al mas concentrado de los escépticos y se rie incluso de si misma. Vos lo sabés.
Y sabés además, que esa risa hace llorar a las penas,los dolores, las injusticias y a todas, pero todas las lágrimas juntas del mundo.
 
 
Guille
 
 
 
 


lunes, 28 de enero de 2013

Compasión

"No hay nada más pesado que la compasión. Ni siquiera el propio dolor es tan pesado como el dolor sentido con alguien, por alguien, para alguien, multiplicado por la imaginación, prolongado en mil ecos"

M. Kundera

jueves, 25 de octubre de 2012

Voy


"Entero o a pedazos, Pero voy"



Voy. Sin aviso, sin preámbulo, sin estar invitado. Voy sonriendo, con el impulso de estas letras, de esta circunstancia, de estas ganas de ir.
Voy a buscarte, voy viajando. En el tren veo pasar lo que pasó, lo que dejé atrás. En silencio veo pasar, mi pasado. Voy pensando argumentos, estrategias que se esfuman en la adrenalina de tus ojos.
Voy mas cursi que nunca, pero nunca menos sincero que hoy. Tirando el protocolo a la mierda, lo políticamente correcto al carajo, solo soy esto, esto que va hacia vos, y vos lo sabés por eso me esperás.
Pero no importa el modo en el cual me esperes, tampoco lo que respondas, ya no. Solo importa este ir.
Estas ganas de llenarte de letras y palabras, porque alguna vez tus labios me dijeron que escribo lindo, si con solo eso alcanzara... pero tal vez no alcance, por eso el plan b no es otro que yo mismo, viajando a vos, con todo lo que eso implica.
Por eso voy, sin nada que perder, sin freno, sin la absurda timidéz del que no entiende que la vida es un dia. Que el mundo se va a acabar, que los bancos estafan todos los dias, que la gente compra seguros de vida, que las bocinas gritan y la moda nos asesina. El mundo es esto, por eso voy.
Voy, ahora esquivando el cálculo. Esta sensacion, esta locura se encargará de darle a cada palabra la precisión que se merece, y la justicia de tu mirada hará el resto. Esa es mi única táctica, argumentos imposibles y mi sonrisa, palabras en el bolsillo y un pasado que ninguno de los dos, que nadie quiere repetir.
Voy, ahí a donde estés, a donde sea, a escucharte, mirarte, prestarte atención y que después me la devuelvas, que todo cierre y que todo se abra.
Voy, con lo poco que queda, despojándome de lo que hicieron conmigo, de esto que hicieron de mi. Voy a lo que sea, a cabecerar el último corner del partido, con mi ilusión como estandarte, con la banda sonora de tu voz, apostando a tu imaginación.
Voy, entero o a pedazos, pero voy.




Guille

jueves, 11 de octubre de 2012

La hipocresía de las alturas



"Todo lo sólido se desvanece en el aire". (Karl Marx)
                          


Las alturas ocultan bajo el velo de la belleza lo real de los paisajes, su esencia, su asquerosidad y su fascinación. Esas increíbles fotos panorámicas no son otra cosa que una colección de porciones bellas, obviamente, que se embellecen aun mas en la conformación de ese todo que es ni mas ni menos la foto en si.
Pero desde lejos, y sobre todo desde arriba, la vida pierde detalle y con ello nitidez. La belleza de las alturas oculta lo que no queremos ver. Es la distancia geométrica que nos distrae. El escape a la nada para ver desde lejos lo que nos aterraba ver de cerca. Escuchar y mirar la lluvia desde la ventana es fascinante porque no nos mojamos.
Puede extraerse un ejemplo de este concepto en  una recomendable película nacional llamada Buenos Aires Viceversa, en donde la protagonista ( Vera Fogwill ) saca fotos de la ciudad por encargo de una pareja de ancianos que ya no puede salir a la calle. La protagonista captura escenas reales, crudas, lo que la Buenos Aires estética no quiere ver, lo marginal, lo individual, lo cercano. La pareja de ancianos se indigna por completo y a los gritos el señor amenaza con despedirla, su argumento es que ESO no es Buenos Aires, no puede ser Buenos Aires, tiene que ser otra cosa. Le dan otra chance, y es en ese momento en donde la protagonista entiende que las alturas disfrazan la cruda realidad. Solo retrata paisajes, panoramas que fascinan a los ancianos porque claro, desde arriba Buenos Aires es increíblemente bella.
Otro ejemplo puede encontrarse en la cobertura de la marcha del "cacerolazo" llevada a cabo el 13 de Septiembre de este año por sectores en contradicción con alguna de las medidas del Gobierno Nacional. La cobertura de los canales afines al Gobierno mostraba los rostros llenos de odio de las personas, su horrible discurso lleno de gritos y deseos de muerte, los ruidos, lo real del discurso. Por otra parte la cobertura de los medios opositores solo hacían eco del panorama, de la multitud de lejos y silenciada, no sea cosa que se escuchen los gritos de odio. Pero mas allá de la cuestión meramente política del debate ( al cual no quiero abordar en estas lineas para no perder el espíritu de la idea ) se observa que la lógica de los medios opositores es la misma que la que utiliza la protagonista de la película en la segunda entrega de fotos. Desde lejos se ve lo que queremos ver, no existe el detalle ni las voces, ni mucho menos los gritos.
Es por eso que la distancia física engaña, y la temporal también claro está. Pero la primera tiene la ventaja del dinamismo, podemos acercarnos, alejarnos y volver a acercar cualquier punto, pero ahora sabiendo que hay un lejos que lo rodea. Con el tiempo eso claramente es imposible y la fragilidad de la memoria obliga a reconstruir realidades, romper promesas, tirarle piedras a cuadros que amábamos o amar personas que no podemos recordar porque motivo odiábamos.
Esa es la hipocresía de las alturas, que encuentra su esplendor en la belleza del paisaje, el cuento feliz, la ausencia del detalle, la ausencia de la mierda misma.
Aunque tal vez nada de esto sea absoluto. En todo caso está en el que se anime, la tarea de permitir alejarse ya que, claro está, la belleza de la distancia y el paisaje seduce.
Pero aquel que experimente esta altura debe saber que existe un algo, una persona, un silencio, un beso, una palabra, algo que en algún momento la altura y el tiempo se encargará de borrar, lo extinguirá del paisaje. Y lo mas triste es que tal vez ese algo no merezca el triste destino de ser borrado.



Guille

jueves, 26 de julio de 2012

El milagro de lo imposible (o lo imposible de los milagros)

Brasil 1 - Uruguay 2 (1950)


No es la primera vez que utilizo un juego de palabras y estructuras como el utilizado en el titulo de este artículo. Es interesante porque jugar con las palabras y las letras demuestra ser un ejercicio encantador, las palabras, en oposición a las personas, pueden ser jugadas, transgredidas, escindidas de su significado sin más consecuencias que nuevas oraciones, nuevas palabras y nuevos conceptos.
Ahora bien,  en el titulo se describen dos escenarios con los mismos protagonistas: los milagros y la imposibilidad. La primer parte se muestra claramente optimista, en algo imposible puede existir un milagro, mientras que en la segunda la imposibilidad mata al milagro. 
No pretendo abordar en estas líneas una conclusión que decida por ambas posturas, sería una tarea ambiciosa y hasta ficticia, solo quisiera explayarme sobre estas cuestiones tan ajenas al mundo pero a la vez tan cerca de todos.
El milagro surge con una connotación religiosa ubicando a esta como la prueba de la incapacidad humana, lo que el hombre no puede lograr. En otras palabras, el milagro es la cuota pseudoficticia de aquellas acciones humanas inhumanas, de esas que parecen en un primer término, imposibles, las que se sientan a discutir a los gritos con la lógica y la razón…y ganan. El milagro es el vacío legal de la razón.
Lo imposible, por el contrario, aparece como el momento más racional de nosotros mismos, de la vida misma. Es la ausencia absoluta de poesía e imaginación, es la demostración de lo poco que podemos ser, de lo tristemente inútiles que somos, del escaso valor de nuestra escencia.
Sin embargo ambos conceptos tienden a contraponerse, enfrentarse, matarse y resucitar en muchas de nuestras acciones. Pero en algunas perversas ocasiones el milagro nos seduce con el plan de quebrar lo imposible, nos vende la chance de un hotel cinco estrellas y cuando llegamos nos damos cuenta que ni siquiera tiene agua caliente. Esa es su cara más terrible. De lo imposible no podemos quejarnos, siempre fue eso y su escencia consiste en eso, no poder ser. Pero el milagro despliega un abanico de circunstancias tan excepcionales, porque su escencia consiste en eso, poder ser.
Claro está que los milagros son escasos, tienen que serlo. El día que lluevan milagros dejaran de serlo. El milagro existe porque es casi imposible, porque es una excepción. La lógica de los milagros es su escases, su dificultad. Nuevamente, si el milagro fuera moneda corriente dejaría de ser milagro para convertirse en un hecho interesante.
Pero quien escribe estas líneas no tiene dudas de que los milagros existen y lo imposible también, claro está, uno existe por el otro y viceversa. No es necesario enumerar imposibles destruidos por milagros, con el que figura al comienzo de estas líneas es suficiente. Con solo saber que en el historial de este mundo existieron hechos en donde el azar y la voluntad lograron romper la dictadura de la lógica alcanza. El milagro existe y esos hechos son sus profetas.

Guille

domingo, 1 de julio de 2012

Sinfonía de Locuras y Mariposas

Como empezar desde un final, como rogarle al corazón que no se esconda y que imagine la manera de soñar.
Como si fueras a escuchar a este demente que en medio de tanta gente haga sonido el ruido de esta gran ciudad.
Y desde afuera ver como todo empieza de vuelta mientras aun hay un mundo que se corta las venas

Y ya nada queda, excepto una pena que sigue riendo llena de ironías, pero que se aleja ya se abren las rejas y puedo salir...

Como invitarte a imaginar, como estafar tu indiferencia y dar la esencia que pide a gritos tu alma para respirar
Como esperar otra señal, como sentir que todo empieza nuevamente. Y que la suerte tenga un poco de humildad
Ir a buscarte como un niño busca su caricia, tentar a mi ilusión negociar tu sonrisa

Aunque ya nada queda, excepto un poema con letras que intentan cazar mariposas en una tormenta, perdiendo la cuenta de tanto reir...

Y me quedo en la espera y desde la avenida suenan sinfonías de locos de ausencias de almas de esencias, de la diferencia entre ser y sentir....





Guille

lunes, 9 de abril de 2012

Geometría de los Sentidos







"Tus ojos son mi ventana"

No se conformó. Decidió sin mas preámbulos entregarle mas de la mitad de sus pensamientos. Claro que no fue una tarea sencilla, sino el desenlace de una serie de circunstancias que cristalizaron esa conclusión.

Todo comenzó en una mañana de un mes cualquiera, digamos, por ejemplo, marzo. Vale aclarar en este punto, que el narrador tiene la verdad poética de su lado y, por lo tanto, la impunidad de la mentira no es otra cosa que una herramienta mas. Sigamos.

El se despertó aturdido, la rutina lo golpeaba con todos los decíbeles que encontró en el camino. En ese momento comprendió que el sonido se diferencia del ruido, del mismo modo que oír marca su especificidad con respecto a escuchar. El primero es simplemente el acto emanado del sentido, el segundo es el acto emanado del sentido con el valor agregado de la conciencia. Todos oímos ( incluso los animales ) pocos escuchan. Los sonidos se escuchan. Sigamos.

Intentó escaparse ( o enfrentarse) a esa tormenta de ruido con el paraguas de su imaginación. Atención, no es la única vez que utilizaremos el termino imaginación como tampoco es la única vez en la que emplearemos metáforas obvias como la del paraguas, sepan disculpar, el ruido atormenta incluso estas lineas. Sigamos.

Se escapó a medias, y en el camino contempló su recuerdo. Primero la vió tan llena de ella, tan bella como la última vez, vió sus ojos, su piel, su pelo. Su totalidad anatómica tan presente e impactante. Luego comprendió que a esa colección de características físicas le faltaba lo mejor, su escencia. Entonces comprendió que no bastaba solo con verla en su recuerdo, también era absolutamente necesario mirarla, aprender a mirarla. Y así fue, miró su poesía acumulada, sus ojos como ventana, sus imágenes imaginadas, su futuro tan suburbano, la construcción de su sonrisa, su sonrisa como bandera, su alma nómade y un etcétera extremadamente sincero, porque fue tanto lo que primero vió y después miró que no le alcanzaban las palabras para enumerarlo. Sigamos

No se le ocurrió nada mejor que hablar (le hubiera encantado gritar, pero ya hay demasiado ruido en este mundo). Utilizando la dicotomía explicada con anterioridad, podemos afirmar que no le habló a quien quiera oír sino a quien quiera escuchar, habló palabras desarticuladas, trabadas, obstaculizadas por el ruido mismo de letras sin nada atrás. Entonces comprendió que, a esta altura del partido era necesario decir, decirnos todo. Decir, entonces, es el conjunto de letras habladas con el plus de los sentidos, los sentimientos, la escencia que nos define y todo eso cristalizado en la construcción de lo que somos. Dijo, a la nada misma, un preámbulo de deseos, brindis y esperanzas, un manifiesto de la locura mas hermosa de todas. Dijo que la extrañaba, y en esa frase dicha, (insisto no hablada) estaba el. Sigamos

Al final, comprendió que esta serie de dicotomías se encuentra presente en nuestro vivir cotidiano, desde la fría rutina hasta los recreos tan cortos, pero tan merecidos de nuestros días. También comprendió que, si la conciencia es el valor agregado que da como resultado un nuevo sentido que supera al anterior, también en ella, la conciencia, está la trampa mas interesante. Pensar no es nada si en ese pensamiento no hay aunque sea una pequeño trozo de imaginación.

Imaginar es pensar hacia adentro para realizar hacia afuera.

Por eso, el se retira imaginando, con la imaginación como escencia principal, como la herramienta mas fuerte del currículum de su vida. Por eso le entrega mas de la mitad de sus pensamientos, por eso imagina. 
Y la imagina, porque tiene experiencia en la materia, y porque es la forma mas bella que encontró para sentirla a través de sus ya renovados sentidos.

Guille






 

jueves, 26 de enero de 2012

Nos sobran los motivos

Escribí sobre mucho y escribí a mucho. Como un ejercio, como una catarsis o como un intento de inmortalizar ideas que de otro modo sufrirían el destierro del olvido.
Escribí acerca de amores, inventados o reales, justos o mal pagados.
Escribí en los inicios de los noviazgos, cuando parece que el amor es una especie de hechizo que nos indunda de luz y todo suena hermoso, porque al menos una destinataria va a leerlo y suspirará agradeciendo con un beso.
Escribí en los finales, cuando nadie mas puede leer lo escupido en esas letras tan llenas de sensaciones de injusticias, ingratitudes e inexplicaciones.
Escribí acerca del mundo, su orden y, lo mas interesante, sus caos. Los tiempos modernos y sus infinitas contradicciones y superaciones y contradicciones.
Escribí acerca de las casualidades, las causalidades, la paciencia, el olvido, la insoportable memoria y la bella amnesia.
Escribí desafiando la gramática, el sueño, los sueños, las circunstancias, la hoja en blanco que se niega a ser escrita, la falta de lucidez, el exceso de lucidez, la timidez, la pasividad, la resistenicia a querer ser yo.
Escribí acerca de mucho.
Escribí las lineas anteriores para demostrar que no es una orden, no estoy solicitando al público que lea estas lineas que escriban sino contando mi experiencia con las letras, no es lo mejor que puedo escribir, pero aqui estoy escribiendo acerca de lo que escribí, tal vez por no tener nada mejor a lo cual escribirle.

Guille

miércoles, 31 de agosto de 2011

Acerca de Candela

No fue un día sencillo. La noticia de su muerte me golpeó duro. Tal vez por ver su foto tantas veces en estos días o por la esperanza de que aparezca y, con eso, aspirar a que la trata de personas no se cobre otra víctima.

Pero parece ser otra la hipótesis, un ajuste de cuentas producto de negocios ilícitos del padre ( detenido ) provocaron la furia en código mafioso que acabó con la vida de la niña.
Sin embargo intento profundizar aun mas en los sentimientos y ver que es lo que aun duele, y tal vez tenga que ver con los resurgimientos de ciertos discursos que esperan noticias como estas para salir a los gritos, manipulaciones de sentido orientadas a fines políticos. Aquí me veo obligado a frenar y replantear esta cuestión; estamos hablando de cuestiones meramente políticas, meramente electorales cuando una nena fue asesinada.

Y el debate que surge es el de la venganza o impunidad, muerte al asesino o injusticia. Terribles opciones sugeridas por ese ejercito de imbéciles que esperan hechos como estos para lanzar sus gritos al mejor estilo "te lo dije", pidiendo seguridad militarizada en las calles, pidiendo armas, castigo muerte.

Es aquí donde planteo la distinción; el reclamo debe ser por justicia, no por seguridad. Reclamar por seguridad es pedir por mayor cantidad de policía inepta, asesina. es pedir por leyes mas duras como si aquel que delinque piense "si cometo este acto ilegal me van a dar mucho tiempo de condena, mejor no lo hago y me voy", una ingenuidad refutada por la criminología durante muchos años. Es por esto que el reclamo de la seguridad conlleva a una trampa lógica: que el estado tome medidas represivas que tiendan a institucionalizar el miedo en lugar de combatirlo. Puedo citar a Texas como uno de los estados con leyes mas represivas del continente y, a su vez, los mayores índices de violencia de América dejando en evidencia que la regla mayor represión trae mayor violencia (nunca es al reves, la violencia es una consecuencia de desigualdades establecidas a prori ) es reflejo pragmático en las realidades de ciertos estados ultra represivos como en la historia de nuestro país en los tiempos en que, los reclamos de algunos que pedían orden, habilitó una de las mas terribles dictaduras del cono sur.

Por eso adhiero, en cambio, firmemente al reclamo de justicia, encontrar a los culpables, aplicarles una condena. Y que cande y su familia puedan tener, al menos un poco de paz.


domingo, 15 de mayo de 2011

La lucidez en tiempos de desamor

"Hablando solo cuando es tarde


y ya no hay nada mas que hablar"


El retorno es más complicado de lo que a simple vista parece. Se trata de recuperar la lucidez perdida por el impulso del amor y de su coctel alienante que logra, entre otras cosas, esa hermosa distorsión de los sentidos. Básicamente al enamorarse uno entrega, como si fuera un depósito, la voluntad del razonamiento y la conciencia pasa a ser otra cosa, pero cosa al fin, se cosifica y lo que creíamos se disuelve. De repente imaginamos vidas nunca pensadas, planes que se oponen a nuestra visión del mundo, dudamos de absolutas certezas y todo esto solamente por el impulso del amor.
Duele. Claro está, el dolor y el amor no solo tienen en común su rima, son pasiones, pasiones que salen a la luz siempre, en las buenas y en las malas, y que por lo tanto conforma aquello sacrificado.
La idea será entonces limpiarse esas gotas de pasión que queden para que de una vez por todas la razón reflote de su escondite, la lucidez regrese y el pensamiento vuelva a ser construido desde cero, desde el lugar que más le gusta.
En el camino habrá que esquivar las palabras y los silencios.
Palabras conformadas en ruido, mucho ruido, alaridos que fomentan pasiones en el momento en el cual lo que pedimos a gritos es paz y razón.
Silencios terribles que nada tiene que ver con la paz pedida. Carnavales de silencios, como el retrato vacio, el hueco en la cama, el contrato incumplido, la ilusión desmenuzada y la pasión desarmada.
Al fin del recorrido la lucidez surge, solo habrá que esperarla, construirla, desearla incluso con pasión. Porque solo ella nos mostrará el camino para volver a pensar la claridad en medio de tanto, pero tanto caos.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Libro de la semana: "Timote" de Jose Pablo Feinmann



Una contradicción, dos fuerzas antagónicas chocando dentro de una casa, la historia argentina transitando lo que sería la génesis de su etapa más conflictiva y un filósofo imaginando las características que ese choque puede brindar como símbolo para entender uno de los capítulos más interesantes de lo que fue el peronismo: La lucha armada.
De esto es, básicamente, lo que trata Timote, novela escrita por José Pablo Feinmman acerca de los sucesos ocurridos en dicha localidad bonaerense en cuyo escenario se desenvuelve el secuestro y posterior asesinato del Gral. Aramburu en manos de la agrupación armada peronista MONTONEROS.
Es , como ya se advirtió, una contradicción entre dos pedazos de argentina: Una que pide a gritos el regreso de su líder y del modelo de distribución más revolucionario de la historia argentina y otra mucho más pequeña que quiere impedir ese retorno como sea, ya sea por proscripción o por fusilamientos. En el medio de todo esto Feinmman imagina cuales fueron los posibles diálogos que mantuvieron los captores y el capturado, los jueces y el juzgado amparándose en su capacidad de reflexión y su mirada acerca de lo que fue el peronismo y sus diversas articulaciones y contradicciones internas. Supongo que de eso se trata; de reflexionar las posturas de los dos pedazos de argentina, el popular y el elitista, jugando a ser uno y otro, a preguntar en la piel de Firmenich y contestar como Aramburu.
En medio de todo esto hay una novela y un autor interesado en llevar muy bien los tiempos de la misma y lo logra. En todas las páginas hay tensión y conceptos que repercuten en la facilidad de lograr una lectura profunda y ágil.
En fin, ya sabemos la historia y su desenlace, pero me parece que lo interesante del texto puede ser jugar a lo mismo que juega el autor, a animarse a imaginar que fue lo que pasó en ese juicio para indagar aun mas lo ocurrido en esos años sin la necesidad de caer en el vacío intelectual que el revisionismo histórico derechoso pretende imponer haciendo referencia al "terrorismo” de izquierda y a la justificacion de la violencia militar sobretodo en el último golpe. Feinmman, por el contrario, no remite a la idea de demonizar la lucha armada ( arma intelectual que le permitió al gobierno radical dejar el libertad a miles y miles de asesinos ) sino a definir al Peronismo como un fenómeno muy complejo cuya explicación no puede basarse en chicanas baratas (como el clientelismo) sino en una reflexión que tenga en cuenta esta complejidad. Y en esta novela pude ver algo de esa reflexión y de ese análisis. Ese es el punto más fuerte, un texto que brinda herramientas conceptuales a través de un hecho concreto para entender un fenómeno tan complicado como contradictorio. Texto altamente recomendable.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Cuando el corazón encuentra argumentos ( Primera parte )


Solo por curiosidad me detuve a mirarte

Solo por interés intenté conocerte,

Solo porque te esperé por años no me sorprendió que me hechices en un par de días

Solo por los silencios que aterraban le subí el volumen a tu voz

Solo por esa voz comencé lentamente a extrañarte

Solo por la belleza de tu sonrisa invente guiones imaginarios todos los días para robarte aunque sea una

Solo por la estratregía fui buscando la táctica irrefutable para encontrarte

Solo porque nos agradan los principios felices decoramos esa tarde con un beso

Solo porque sos el motivo más hermoso volví a escribir

Solo por ser ordenados nos agendamos todos los días de nuestra vida

Solo por respetar las formas firmamos un contrato para siempre

Solo por coherencia enloquecí por vos

Solo por vos un corazón volvió a encontrar argumentos

Solo por inercia me enamoré…


Guille

domingo, 17 de mayo de 2009

Tactica y Estrategia ( Mario Benedetti )

Mi táctica es mirarte
aprender como sos
quererte como sos .
mi táctica es hablarte y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible .
mi táctica es quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé con qué pretexto
pero quedarme en vos .
mi táctica es ser franco y saber que sos franca
y que no nos vendamos simulacros
para que entre los dos
no haya telón ni abismos .
mi estrategia es en cambio más profunda y más simple
mi estrategia es que un día cualquiera
no sé cómo ni sé con qué pretexto
por fin me necesites

sábado, 14 de marzo de 2009

Ella en mi cabeza




Todo comenzó con el extraño sonido de un timbre, una especie de zumbido taladrando con una histérica dulzura las habitaciones de mi cerebro, ese lugar donde guardo las ideas que encuentro por ahí.
Dejé por un momento la actividad que estaba haciendo e imaginé una puerta ya que, si suena un timbre, es porque hay alguien frente a ella que busca ingresar. Esto ocurre en cualquier lugar del planeta por lo tanto no veo porque mi cabeza tenga que ser la excepción.
Abrí mi puerta imaginaria y me encandiló el resplandor. Mientras improvisaba una visera con mi mano izquierda solo escuche una voz que pedía permiso e ingresaba como si fuera su casa.
Atiné solo a sorprenderme y dedicarme a observar sus movimientos.
Como no leo los diarios no tuve temor a que me robe o me secuestre o me mate, además no creo que las ideas que pueda robar de las habitaciones tengan un valor que resulte atractivo para el mercado y si pidió permiso es porque no es hostil, por lo tanto continué con mi tarea de observarla.
Dejo un bolso con varios cds y libros (le cuento que algunos coinciden con los que se encuentran en mi biblioteca de los recuerdos) su ropa era la misma que ví en una hermosa mujer que conocí hace unos días.
Eligió la habitación mas colorida para dormir y la mas oscura para iluminar ya que note como en la primera dejaba sus cosas y en la segunda algunos pedazos de luz en cajas de 12 ( en mi mente existen todas esas cosas, se lo aseguro ).
La velocidad de sus acciones era la misma que la de un niño en una juguetería eligiendo el regalo que por capricho de alguien se merece. En un lapso no menor a 10 minutos se acomodó, se instaló...llegó para quedarse.
Aun no me animaba a abrir la boca, solo miraba como de a poco se modificaba todo, la habitación oscura se ilumino de golpe. Pero le cuento que los pedazos de luz no alcanzaron y con mucha fuerza y actitud abrió la ventana de la habitación de al lado, la colorida. La luz se desparramó ( marido de una y amante de otra ) entre las dos y ese extraño dolor de cabeza que me tenia bastante molesto comenzó a extinguirse.
Creo que a esta altura ella debe saber que no tomo mate pero de todos modos puso el agua y un segundo después me miró a los ojos; era la primera vez.
Era el mismo vestido, la misma sonrisa, la misma sensación, era ella, como si nada.
Yo también sonreí. Motivos sobraban, por un lado la jaqueca desapareció, por otro mi mente tenia otro color, en 10 minutos brillaba, el desgaste de la rutina ya no se presentaba con ese aroma tan horrible.
Me acerque junto a ella. En la ventana de mis ojos estaba ese mar y nosotros dos mirándolo.
Mi mirada de desconcierto ( que aun le preguntaba que significaba todo esto ) se iba transformando en algo mas agradable justo en el instante en el que ella fabricó una sonrisa sagaz y contestó eso que no pregunté.
- Solo vi algo de luz y entré – Dijo despacito mientras tomaba mate
- Y porque tardaste tanto? – Contesté en el mismo tono.

jueves, 26 de febrero de 2009

martes, 30 de diciembre de 2008

El año del ruido ( o el ruido del año )



Ruido a que me has hecho
ruido a yo no he sido
(J. sabina)





Volves aturdido. Por esa mezcla de tantos sonidos, letras y melodías.

Volves indignado. Presentando a los gritos tu reclamo en el libro de quejas de aquel destino que ,en medio de una sobredosis de ironía, decidió cruzarla en tu camino.

Volves confundido. Intentando reconstruir toda esta hermosa locura tan pero tan desgastada que te recuerda a aquella pregunta que escuchaste por ahí, esa que forma parte de las dudas filosóficas, esa que dice: "¿Porque hay algo y no hay nada?" tan profunda y existencial, pero ahora no solo no tenes respuesta sino que la reformulas con menos filosofía y mas angustia en :" ¿Porque hay nada y no algo?.

Algo como un pedazo de esa avalancha de signos que brillaron esa noche a modo de muestra gratis. Gratis, porque sabes que lo que viene luego hay que pagarlo... pero en este momento rogas al encargado de unir corazones y conciencias que ponga un precio para tanto. Sostenés que no estas pidiendo demasiado. Solo un contrato sin letra chica ni frustraciones grandes.

Hoy comenzaste a descifrar la respuesta a la segunda pregunta que, de a poco, gana terreno en tu mente: hay nada porque no alcanza, pero esta respuesta no te conforma, dejas de escribirme para insistir en la búsqueda de otro sonido en medio de tanto ruido.


Continuara ( el año siguiente )




pdta1: Feliz año para todos aquellos/llas que dedicaron su tiempo en pasar por mis tiempos modernos